La administración Trump ordena al ejército comprar electricidad de plantas de carbón

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La administración Trump ha emitido una orden ejecutiva que obliga al Departamento de Defensa a dar prioridad a la compra de electricidad procedente de centrales eléctricas alimentadas con carbón, una medida destinada a apuntalar la atribulada industria del carbón. Esta directiva representa una intervención significativa en los mercados energéticos, desplazando la contratación federal hacia una fuente de combustible específica y en declive.

Orden Ejecutiva y Turno Contractual

El presidente Trump firmó la orden el miércoles, ordenando al secretario de Defensa, Pete Hegseth, negociar contratos a largo plazo con plantas de carbón en todo el país. Esta decisión tiene como objetivo proporcionar estabilidad financiera a las plantas que enfrentan un posible cierre, alterando potencialmente las fuerzas del mercado a favor de la producción de energía a base de carbón.

La administración enmarcó la medida como apoyo a los mineros estadounidenses, y Trump declaró en un evento en la Casa Blanca: “Estamos levantando a nuestros mineros estadounidenses que trabajan duro como nadie lo ha hecho antes”.

Reconocimiento de la industria e incentivos financieros

El evento incluyó una presentación a Trump por parte del Washington Coal Club, una organización vinculada a la industria, que le otorgó un trofeo que lo reconoce como el “Campeón indiscutible del hermoso carbón limpio”. El simbolismo subraya los estrechos vínculos entre la administración y el sector del carbón.

Además de la orden ejecutiva, el Departamento de Energía anunció una financiación de 175 millones de dólares para mejorar seis plantas de carbón en Kentucky, Carolina del Norte, Ohio y Virginia Occidental. Estas actualizaciones extenderán la vida útil operativa de estas instalaciones, retrasando su retiro planificado.

TVA pospone cierres de plantas

La Autoridad del Valle de Tennessee (TVA), la mayor empresa eléctrica federal, también anunció que pospondría el retiro de sus dos plantas de carbón más grandes, originalmente programado para 2027 y 2028. Esta acción coordinada sugiere un esfuerzo más amplio para revertir la tendencia al desmantelamiento de plantas de carbón.

La medida ha generado críticas de grupos ambientalistas, quienes argumentan que la administración está priorizando los intereses de la industria sobre las alternativas energéticas más limpias. También plantea dudas sobre la rentabilidad de adquirir electricidad de plantas de carbón antiguas en comparación con fuentes renovables.

En última instancia, esta directiva marca un intento deliberado de impulsar la industria del carbón a través de adquisiciones federales, lo que indica un alejamiento de las políticas energéticas impulsadas por el mercado.