Destacados científicos y médicos médicos están pidiendo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que revise sus directrices, abogando por la sustitución de las mascarillas quirúrgicas estándar por respiradores de mayor calidad en los entornos sanitarios. El argumento se centra en la insuficiencia de las mascarillas quirúrgicas para prevenir la propagación de patógenos transmitidos por el aire, incluidos la influenza y el COVID-19, donde la protección contra partículas diminutas es esencial.
El caso de los respiradores
Los expertos sostienen que las mascarillas quirúrgicas actuales ofrecen una filtración insuficiente contra los virus transmitidos por el aire. Estas máscaras fueron diseñadas originalmente para evitar que los médicos y enfermeras contaminen a los pacientes durante los procedimientos, no para protegerlos de aerosoles infecciosos. Los respiradores, como las mascarillas FFP2/3 (Reino Unido) o N95 (EE. UU.), brindan un nivel de protección significativamente mayor, bloqueando aproximadamente entre el 80% y el 98% de las partículas en el aire en comparación con la tasa de filtración de aproximadamente el 40% de las mascarillas quirúrgicas. Esta diferencia, como lo expresa un experto, es similar a caer desde cuatro pulgadas versus cuatro pies: un riesgo reducido, aunque no cero.
La presión por los respiradores no se trata sólo de mejorar la protección; se trata de prevenir el agotamiento y las enfermedades entre los trabajadores de la salud, que enfrentan mayores riesgos de infección. Se estima que durante la pandemia se utilizaron mensualmente 129 mil millones de mascarillas desechables, y aunque muchos países finalmente pasaron a recomendar mascarillas de mayor calidad a medida que aumentaba la evidencia, las directrices de la OMS no han seguido el ritmo.
Por qué esto importa ahora
El debate sobre la eficacia de las mascarillas no es nuevo, pero la pandemia expuso lagunas críticas en las recomendaciones existentes. Si bien algunos gobiernos se adaptaron para recomendar respiradores, sigue faltando un enfoque global estandarizado. La infraestructura de adquisiciones de la OMS podría aumentar significativamente el acceso a respiradores, incluso en países con recursos limitados, si actualizara sus directrices.
La cuestión va más allá de la mera eficacia. La politización del uso de mascarillas durante la pandemia de COVID-19, como se ha visto en el Reino Unido, pone de relieve la resistencia cultural a tales medidas. Sin embargo, los expertos enfatizan que este cambio se aplicaría principalmente a los entornos sanitarios, donde el riesgo de infección es mayor.
La ciencia detrás del cambio
La convocatoria de respiradores no se basa en modelos teóricos sino en pruebas de laboratorio que demuestran sus capacidades superiores de filtración. Los críticos argumentan que se necesitan ensayos controlados aleatorios para demostrar la eficacia de las barreras físicas. Sin embargo, sus defensores sostienen que tales ensayos son defectuosos, ya que los participantes rara vez cumplen con el uso de mascarillas las 24 horas del día, los 7 días de la semana, lo que crea brechas de exposición.
Además, instan a la OMS a reconocer explícitamente la transmisión aérea de virus respiratorios, corrigiendo declaraciones anteriores que pueden haber restado importancia a esta ruta crucial de infección.
La OMS ha reconocido la carta y dice que está revisando cuidadosamente sus directrices de prevención y control de infecciones. El cambio podría tener un impacto profundo, pero la pregunta sigue siendo si la organización actuará de manera decisiva sobre esta recomendación basada en evidencia.
Este cambio de orientación no es sólo un ajuste técnico; es un reconocimiento de que una mejor protección para los trabajadores de la salud y los pacientes requiere reconocer las limitaciones de las prácticas actuales y adoptar herramientas más efectivas.




















