Una pequeña actividad diaria aumenta la esperanza de vida: incluso 5 minutos importan

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Una nueva investigación confirma que incluso un aumento mínimo en la actividad física diaria puede prolongar significativamente la esperanza de vida, lo que ofrece un estímulo para quienes tienen dificultades con el ejercicio regular. Un estudio que analizó datos de más de 130.000 personas encontró que solo cinco minutos adicionales de ejercicio o reducir el tiempo sentado en 30 minutos diarios está relacionado con mejoras mensurables en la longevidad.

Los hallazgos del estudio

Investigadores de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte examinaron dos grupos: una cohorte de alto riesgo (el 20% menos activo) y un grupo de población más amplio. Su análisis sugiere que incluso pequeños aumentos en la actividad física de moderada a vigorosa podrían prevenir hasta el 6% de todas las muertes en el grupo de alto riesgo y el 10% de las muertes en la población en general. El estudio utilizó modelos estadísticos para estimar los impactos a lo largo de la vida en lugar de un seguimiento a largo plazo.

“Cada movimiento cuenta y lograr que las personas inactivas realicen alguna actividad es donde vemos los mayores avances en salud”. – Daniel Bailey, científico del comportamiento sedentario de la Universidad Brunel.

Por qué esto es importante

Las implicaciones son importantes porque a muchas personas les resulta difícil cumplir con regímenes de ejercicio exigentes. Esta investigación demuestra que incluso cambios modestos pueden generar beneficios sustanciales. Las mayores ganancias se predijeron entre aquellos que actualmente llevan estilos de vida más sedentarios, lo que significa que aquellos con menos actividad serán los que más se beneficiarán de las pequeñas mejoras.

El papel del comportamiento sedentario

Reducir el tiempo de sedentarismo es casi tan importante como aumentar el ejercicio. El estudio encontró que reducir el tiempo sentado solo 30 minutos al día también resultó en reducciones significativas en el riesgo de mortalidad. Esto pone de relieve los peligros de la inactividad prolongada, que se ha relacionado con diversos problemas de salud más allá de la vida.

¿Qué sigue?

Si bien la naturaleza observacional del estudio impide sacar conclusiones definitivas sobre causa y efecto, el gran conjunto de datos y las fuertes asociaciones sugieren que se justifica una mayor investigación. Las investigaciones futuras deberían centrarse en resultados de salud específicos e incluir estudios en países de ingresos bajos y medios, donde los patrones de actividad y la carga de morbilidad difieren.

En conclusión, este estudio proporciona pruebas sólidas de que incluso unos pocos minutos de movimiento diario pueden marcar la diferencia. Refuerza la idea de que los cambios pequeños y realistas son más sostenibles e impactantes que aspirar a reformas drásticas.