El Año Nuevo a menudo genera presión para adoptar objetivos ambiciosos: maratones, dietas restrictivas, cambios radicales en el estilo de vida. Pero ¿y si la resolución más impactante fuera… más simple? Las investigaciones demuestran cada vez más que cultivar la calma de forma proactiva produce importantes beneficios para la salud, desde una mejor salud del corazón y una mejor regulación emocional hasta un mejor sueño. El estrés crónico tiene un costo mensurable en el cuerpo, sobrecargando los sistemas esenciales y contribuyendo a enfermedades a largo plazo. La buena noticia es que las estrategias eficaces para desestresarse van más allá del consejo habitual de ejercicio y respiración profunda.
Recuperar el control: el poder de la influencia
Sentirse impotente ante situaciones estresantes amplifica su impacto negativo. Los estudios muestran un vínculo directo entre el control percibido y la resolución del estrés. Los participantes que se sentían más a cargo de sus factores estresantes tenían más probabilidades de resolverlos de manera efectiva. Esto no significa eliminar el estrés por completo, sino identificar qué aspectos pueden ser influenciados. Los pequeños cambios, como decidir cómo responder, establecer límites o poner fin proactivamente a conflictos improductivos, marcan la diferencia.
Curiosamente, la edad parece afectar esta dinámica. Si bien los adultos mayores pueden sentir menos control sobre factores externos como las demandas laborales, consistentemente reportan una mayor capacidad para manejar las tensiones interpersonales. Esto sugiere que la experiencia cultiva mecanismos de afrontamiento más eficaces donde más importa: las relaciones.
Cultivar la autocompasión: la bondad como resiliencia
La autocrítica exacerba el estrés; la autocompasión lo protege. Un estudio de 2024 encontró que las personas con niveles más altos de autocompasión (aquellos que se tratan a sí mismos con amabilidad, reconocen las imperfecciones humanas compartidas y practican la atención plena) demostraron estrategias de afrontamiento más saludables. Esto condujo a una mejora del bienestar psicológico y a una reducción de la ansiedad, la depresión y el estrés general.
La psicóloga Kristin Neff identifica tres elementos clave de la autocompasión: la bondad hacia uno mismo, el reconocimiento de la humanidad común y la atención plena sin prejuicios. Sin embargo, la moderación es crucial. La concentración excesiva en uno mismo puede resultar contraproducente y aumentar potencialmente el estrés. ¿La solución? Extienda la compasión hacia afuera. La escucha activa (darle a alguien toda tu atención sin interrupción) y la meditación de bondad amorosa (enviar deseos de felicidad y tranquilidad a los demás) pueden equilibrar el enfoque interno con la conexión externa.
Diversificar el cuidado personal: el valor de un conjunto de herramientas
Los beneficios del autocuidado están bien establecidos, pero investigaciones recientes sugieren que la variedad es clave. Un estudio que rastrea las respuestas al estrés durante la pandemia de COVID-19 encontró que las personas que emplearon una amplia gama de estrategias (escribir un diario, hacer ejercicio, interacción social, reencuadre cognitivo) manejaron sus emociones de manera más efectiva.
Esto implica que no existe una solución única para todos. Diferentes técnicas funcionan para diferentes personas en diferentes situaciones. Construir un “conjunto de herramientas” de herramientas saludables para la regulación de las emociones (y ser lo suficientemente flexible para utilizarlas según sea necesario) ofrece la mayor resiliencia.
En última instancia, priorizar la calma no se trata de eliminar el estrés, sino de desarrollar la capacidad para afrontarlo de manera efectiva. Esto significa cultivar el control siempre que sea posible, practicar la autocompasión con moderación y diversificar sus estrategias de autocuidado para lograr un bienestar sostenido.

























