Antiguos rituales galos: esqueletos verticales desenterrados en Dijon, Francia

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Durante décadas, los trabajadores de la construcción y los escolares de Dijon, Francia, se han topado con un fenómeno arqueológico peculiar: antiguos esqueletos galos enterrados sentados erguidos. El último descubrimiento, cerca de la escuela primaria Josephine Baker, se suma a una creciente colección de cuerpos encontrados de esta manera, lo que plantea interrogantes sobre las prácticas rituales de esta civilización celta.

El misterio de los muertos sentados

Desde principios de los años 1990, se han excavado unos veinte esqueletos sentados en una zona concentrada del centro de la ciudad de Dijon. Esto representa más de una cuarta parte de todas las tumbas de este tipo identificadas a nivel mundial, y se han encontrado otros ejemplos en Francia, Suiza y el Reino Unido. Los cuerpos, fechados entre el 300 y el 200 a. C., suelen estar colocados mirando hacia el oeste, con las manos apoyadas en el regazo y la espalda contra las paredes orientales de sus fosos circulares. La coherencia de este estilo de entierro sugiere que fue una práctica deliberada, no accidental.

¿Quiénes eran estas personas?

Los restos pertenecen a hombres de entre 1,62 y 1,82 metros de altura, con una excepción: un niño descubierto en 1992. El examen de los esqueletos revela signos de actividad física intensa, indicada por osteoartritis en las piernas. Curiosamente, la falta de azúcar en su dieta contribuyó a la excepcional conservación de sus dientes. Si bien un esqueleto tiene una herida fatal en el cráneo, la mayoría no muestra signos inmediatos de muerte violenta, y no hubo ajuares ni adornos funerarios que acompañaran a los entierros, aparte de un único brazalete que data del período galo.

¿Por qué sentarlos?

La pregunta central sigue sin respuesta: ¿por qué enterrar a la gente de esta manera? Las teorías van desde el castigo por malas acciones hasta una marca de estatus de élite. La ausencia de artefactos en la superficie hace imposible sacar conclusiones definitivas.

“Ser arqueólogo puede ser una profesión muy frustrante”, comenta Annamaria Latron, arqueoantropóloga del Inrap.

El hecho de que Dijon tenga una concentración tan alta de estos entierros indica que el sitio era importante para los galos, un pueblo celta que floreció aproximadamente desde el siglo V a.C. Sin embargo, nuestra comprensión de la cultura gala está limitada por relatos históricos sesgados, en particular los de Julio César.

Las excavaciones en curso pueden eventualmente revelar el significado detrás de esta práctica inusual. Por ahora, los esqueletos sentados de Dijon siguen siendo un testimonio inquietante de un ritual que el tiempo aún no ha explicado por completo.