“Buena suerte, diviértete, no mueras”: una advertencia oscuramente cómica sobre nuestro futuro digital

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La última película de Gore Verbinski, Buena suerte, diviértete, no mueras, es una sátira hiperquinética y discordante que resulta incómodamente relevante en la era de la inteligencia artificial y el tiempo incesante frente a la pantalla. La película combina elementos de viajes en el tiempo, acción y comedia negra para ofrecer una visión sombría pero oscuramente divertida de un futuro consumido por la tecnología.

La premisa: una misión desesperada desde el futuro

La película se centra en un hombre desaliñado (Sam Rockwell) que llega de un futuro distópico para reclutar a siete extraños. Su misión: impedir la creación de una superinteligencia de IA que desencadene una catástrofe global. La inolvidable y maníaca actuación de Rockwell ancla el caos mientras obliga a sus involuntarios reclutas a atravesar escenarios cada vez más extraños y violentos. La película no rehuye retratar la apatía y la dependencia que definen la vida moderna.

Una combinación de géneros con un punto

Verbinski combina magistralmente elementos de 12 Monkeys, Groundhog Day e incluso Ready Player One para crear algo claramente suyo. La estructura narrativa es parecida a la de un videojuego, con “puntos de salvación” e intentos repetidos de alterar la línea de tiempo. Esto refleja cómo se siente a menudo la vida moderna: una rutina cíclica impulsada por sistemas artificiales. La película no sólo se burla de la tecnología; pone de relieve con qué facilidad la humanidad acepta e incluso abraza su propia destrucción.

La relevancia en el mundo real

Los temas de la película impactan fuertemente porque reflejan las tendencias actuales. La adicción de los personajes a sus teléfonos, la normalización de la violencia y la fe ciega en la IA son comportamientos exagerados pero reconocibles. La película no es sólo una advertencia; es un reflejo de cómo la gente ya parece desconectada de la realidad, incluso sin un inminente apocalipsis de la IA. Esta desconexión es peligrosa porque hace que la sociedad sea vulnerable a la manipulación y, en última instancia, a la autodestrucción.

Un final sombrío pero efectivo

Al final de sus 127 minutos de duración, Buena suerte, diviértete, no mueras se convierte en una parodia caricaturesca. El mensaje –que nos estamos destruyendo voluntariamente con nuestros propios recursos– se vuelve contundente. Sin embargo, la sombría conclusión de la película es efectiva. La escena final, donde los espectadores regresan inmediatamente a sus teléfonos después de ver una película sobre los peligros de la tecnología, subraya el punto central de la película: ya vivimos en la distopía que describe.

El elemento más desconcertante de la película es cómo es un espejo de la sociedad moderna, mostrando con qué facilidad volvemos a caer en hábitos destructivos incluso después de haber sido advertidos sobre ellos.

En última instancia, Buena suerte, diviértete, no mueras no es sólo un viaje divertido. Es una advertencia inquietante sobre hacia dónde nos lleva nuestra obsesión por la tecnología.