La mayoría de la gente está familiarizada con la Nebulosa de Orión. Cuelga de la espada del cazador, y si el cielo está lo suficientemente oscuro, puedes detectar la más mínima mota a simple vista. Catalogada como NGC 1976 y M 42, esta nebulosa es la nebulosa difusa más brillante del cielo nocturno. Pero verlo es sólo el comienzo. La verdadera historia tiene lugar a 1.350 años luz de distancia, donde el universo está construyendo estrellas.
Las nebulosas brillan porque están expuestas a la radiación. En su centro hay un Trapecio, un denso cúmulo de cuatro estrellas masivas. Estos no son soles ordinarios. Son estrellas de tipo O, increíblemente calientes y jóvenes. Su intensa emisión excita el gas y el polvo circundantes, obligando a toda la nube a emitir luz. Se trata de un vivero de estrellas que atrae a cientos de estrellas jóvenes que también están en el centro de atención.
No siempre supimos que era una guardería. Durante siglos fue sólo un punto de luz. Sus ambiguas propiedades fueron descubiertas por primera vez por el científico francés Nicolas-Claude Fabri de Peiresc en 1610 y el astrónomo suizo Johann Cysat en 1618. La tecnología posterior ha revolucionado nuestra comprensión. En 1880, el estadounidense Henry Draper tomó la primera fotografía de una nebulosa. Este es un evento innovador. Por primera vez, pudimos capturar algo que se mueve y cambia con el tiempo.
La Nebulosa de Orión es estática. Esta es una fábrica vibrante donde nacen las estrellas.
Sin embargo, las primeras fotografías se limitaban a lo que podíamos ver. La luz visible sólo cuenta una parte de la historia. El polvo bloquea la vista. Para levantar el velo, los investigadores tuvieron que buscar en otra parte. El cambio se produjo a finales de los años 1980. Los avances tecnológicos han permitido a los astrónomos tomar fotografías de objetos que emiten luz infrarroja. Se trata de grupos de estrellas y polvo que no se pueden resolver con un telescopio óptico. La nebulosa se abrió.
El siguiente es el Telescopio Espacial Hubble. En 1991, el Hubble proporcionó los datos más claros jamás vistos sobre características conocidas. No se trata sólo de una resolución. Es una cuestión de contexto. Hubble revela estructuras que explican cómo se forman realmente estas estrellas. En medio del caos, los astrónomos detectaron chorros. Se trata de salidas de energía, corrientes de gas liberadas por estrellas jóvenes. Son un agotamiento de nacimiento.
¿Por qué es esto importante? Porque esos chorros son señal del nacimiento de estrellas. Son evidencia física de un proceso que hemos estado tratando de comprender durante décadas. La Nebulosa de Orión es el ejemplo más cercano que conocemos. Esto nos permite estudiar los mecanismos de formación estelar en tiempo real. Se puede ver la interacción entre la radiación, el polvo y los flujos de salida.
Esto es más que una simple foto. Este es un laboratorio. Todavía estamos aprendiendo cómo interpretar los resultados.




























