16,5 millones.
Esa es la cantidad de estrellas que detectó el telescopio espacial James Webb en Messier 81… espera. M82. La galaxia del cigarro. Desde la Tierra parece una espiral de canto escondida en la Osa Mayor. Está a unos 12 millones de años luz de distancia. Descubierto por Johann Elert Bode en 1774.
No es un lugar ordenado.
“No entendemos del todo lo que está pasando aquí”, admite el Dr. Adam Smercina. “Especialmente en lo que respecta a su historia evolutiva”.
Es hermoso, sin embargo. Una fábrica desordenada y productora de estrellas. M82 genera nuevas estrellas a un ritmo 10 veces mayor que el de nuestra Vía Láctea.
¿Por qué?
Ésa es la cuestión. Algo desencadenó este estallido. Algo expulsó columnas de material que gritaban desde el núcleo de la galaxia. Esto viene sucediendo desde hace mucho tiempo. Webb finalmente nos dio una ventana a ese caos. Ninguna otra galaxia cercana nos permite observar tan de cerca la maquinaria de la evolución.
Contando los gránulos
NIRCam vio lo que otros ojos pasaron por alto. Quitó el polvo. Reveló un disco distendido.
Puntos azules. Gránulos azules luminosos en los datos.
“Es un mundo completamente diferente”. — Dr. Benjamín Williams
Estos puntos suman aproximadamente 16,5 fuentes estelares individuales. Una pequeña fracción del total, la mayor parte de M82, sigue siendo demasiado débil incluso para los poderosos ojos de Webb. ¿Pero esos contados? Son fósiles. Tienen el registro de cómo se formó esta galaxia. Cómo envejeció.
Eric Bell de Michigan señala que al principio el disco parece sorprendentemente silencioso. Porque Webb ve a través del polvo que oscurece el espectro visible.
Pero la complejidad subyacente es alta. ¿Cómo se movió la formación de estrellas a través del disco durante los últimos mil millones de años? ¿De dónde vino el combustible? La nueva imagen obliga a los astrónomos a repensar la línea de tiempo.
La explosión bipolar
Todo este nacimiento crea ruido. Violencia.
El ritmo extremo de formación de estrellas se altera a sí mismo. Hace volar la galaxia en pedazos. Las columnas bipolares expulsan material por encima y por debajo del disco estelar. Parece un reloj de arena.
Turbulento, sí. Pero en capas.
Los zarcillos amarillos más cercanos al disco son gas ionizado. Caliente. Agitado.
¿Más lejos? Materia naranja. Son granos de polvo. Hidrocarburos aromáticos policíclicos o HAP.
Los PAH ayudan a mapear el medio interestelar, el espacio vacío entre las estrellas donde comienza lo nuevo. Rastrean los escombros de la creación.
“Una misión no puede responder completamente a las preguntas”. – Dra. Kristen McQuinn
Necesitamos algo más que Webb.
Necesitamos datos del Hubble. Necesitamos archivos de telescopios más antiguos. Necesitamos unir los conjuntos de datos. Sólo entonces se revela el ecosistema. Sólo entonces podremos plantearnos preguntas más difíciles, más oscuras y más complejas.
El panorama es más claro. Pero la galaxia aún se resiste a una explicación sencilla.
¿Qué más se esconde detrás de los gránulos azules?
